La ira es un sentimiento peculiar.
Puede saltar como un resorte ante cosas nimias y vacuas, vulgares, tontas. O puede también dormir aletargada dando sutil esquinazo a situaciones claramente irritantes o injustas.
La ira te sube, desde algún lugar del pecho, por dentro. Enredándose en tus entrañas y subiendo por tu garganta desgarrando la paz a su paso, arrancando a mordiscos sordos la serenidad y, muchas veces, el raciocinio.
El furor es sinónimo de irracionalidad, locura.
Odio la ira.
De verdad, me encantaría poder ser esa villana fría e imperturbable, de ojos que cortan con filo de hielo y trasfondo pétreo e impenetrable. Me encantaría poder escuchar palabras necias puestas en boca de ignorantes y, simplemente, dejarlo pasar, sabiendo como sé la estupidez extrema del origen de tales palabras.
| Grabado de las tres Furias Giregas. |
En la mitología clásica, las Furias eran unas criaturas que habitaban el Tártaro y que volvían loco a aquel que osaba estar en su presencia. Loco. Loco de rabia. Loco de angustia. Loco de ira.
Pero lo que más me duele es sentirme fuera de lugar. Es sentir como si dentro de este país, de esta ciudad, de este instituto, no hubiese sitio para mi. Como si la reflexión y los motivos de tus ideales no valieran de nada, si al final siempre va a haber algún bruto necio que defiende violencia.
Un necio que provoca con una simple palabra hiriente, un simple gesto, un simple ademán. Que invoca a las Furias, a esa ira de la que antes hablaba, y hace salir lo peor de ti.
Lo que más me duele es saber que por mucho que tenga claras mis ideas y mis sentimientos, habrá siempre que defienda aquello en lo que ni siquiera ha reflexionado. Habrá gente que ni siquiera defienda, e, impasible, se quede sorda y muda frente al paso de la vida y sus vicisitudes. Habrá gente que te diga que no te busques líos, que agaches la cabeza, que seas prudente. Y tú, pensando, sabrás que la prudencia es necesaria, mas es muchas veces sinónimo de indiferencia.
Eso es, al fin y al cabo, el opiáceo de la ignorancia. Cuanto más ignoras, todo te da igual en más medida. Cuanto más ignoras, menos cosas tienes que decir respecto a mil temas. Cuanto más ignoras, más tranquilo estás, entendiendo la tranquilidad como estado de letargo, de estar adormecido.
Por eso, no ignoremos.
Por favor.
Busquemos la cultura, la sabiduría.
Leamos, escuchemos, miremos, contrastemos. Aprendamos. Vivamos. Acumulemos.
Solo así las palabras necias podrán realmente caer en oídos sordos.
Love,
Reichel.
PDT:


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