Una palabra bipolar, con dos rostros opuestos y relacionados al mismo tiempo.
La cara egoísta, infantil, muchas veces tozuda es la que no me interesa hoy.
No, el orgullo que me gusta, el orgullo que me llena... es una sensación cálida y explosiva, a la vez que serena.
Una sensación que tiene forma de bengala, y chisporrotea alegremente en cuanto prende la llama. ¿Qué llama?
Bueno, esa llama tiene muchos nombres... se llama Familia, se llama Amistad, se llama Ideal...
El orgullo puedes sentirlo hacia ti mismo, o hacia los demás.
Tengo la inmensa suerte de sentir ese orgullo a menudo. Tengo, y doy gracias por ello, un montón de gente a mi alrededor que me hace sentirme ORGULLOSA de ellos, y también de mí.
Es increíble como las personas que te rodean pueden llegar a hacerte sentirte en plenitud. Con algo tan simple como irrumpir en tu cuarto mientras estudias y darte una sorpresa por tu cumpleaños, inventarse una canción con tu nombre, o subirte al escenario en frente de tantos ojos que te miran para proclamar a todos que estás ahí.
Orgullo puedes sentirlo por esa persona que te acompaña desde que tienes memoria, cuando la ves convertida en la reina de los cisnes, o representando una traición en un lírico escape hacia la libertad...
Estoy de exámenes, y seré breve y aburrida. Es lo que toca, lo siento.
Quiero agradecer a la vida y a todos los que la forman este pequeño remanso de felicidad que me ha traído,y que nos trae a todos de vez en cuando.
Y que vengan tormentas, porque venir, van a venir.
Pero a mi, esta sensación de ingravidez y felicidad que me aguarda a expuertas del verano, ¡¡no me la quita nadie!!
Love,
Reichel.


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