¿Sabes este tipo de cosas que rehuyes, que reniegas de aceptar, que expulsas de tus pensamientos cada vez que se asoman por tu cabeza? Sí, estas cosas que no molan, que te hacen sentirte rara y querer tener un botón de "mute" en tu monólogo interno.
Pues hoy voy a hablar de una de esas cosas.
Me ha costado.
Me está costando, de hecho. Es como si tuviera tantas ganas de hablar de ello y quitármelo de encima, como si quisiera con tanto ahínco compartir cómo me siento (que al fin y al cabo, es el objetivo primero de este blog), que me diera pánico. Allá va, de todas formas.
(*ZAS*)
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Hay varios tipos de distancia.
Unos más llevaderos que otros. Unos más graves que otros. Distintos.
Dos personas (hablaré de dos, porque los sentimientos colectivos son, en mi opinión mucho más difíciles de dibujar que algo que fluye en forma de retroalimentación entre dos seres humanos) pueden sentirse lejos estando a dos centímetros de distancia.
Puede sentirlo una, puede sentirlo la otra o pueden sentirlo las dos. Cuando la energía que se genera entre dos almas, mentes y cuerpos no fluye como debería, el espacio físico y real, carece de importancia. Son dos seres humanos próximos en centímetros pero lejanos en emociones. Son dos máscaras de ojos vácuos (como, de hecho, lo son todas las máscaras).
En ese sentido, la cercanía física es mentira. Ilusoria.
La distancia se ha coronado en esas situaciones como reina de corazones en una baraja trucada. Y no hay más remedio que detener la partida y cambiar de juego.
Pero esta no es la distancia de la que me interesa hablar hoy.
No, la distancia a la que me refiero tiene mucho más de distancia en su sentido estricto, es más palpable, es... bueno, es muy puta.
Es esa distancia en la que lo que hay entre medias de dos personas no son vacíos emotivos, sino
K I L Ó M E T R O S
Carreteras, caminos, montañas, ciudades, pueblos, tal vez mares, tal vez océanos, tal vez continentes. Qué pequeño parece el ser humano, solo, en mitad de una cifra. 555. 2560. 45098. Los que sean.
Es frustrante. Es desesperante. Pero es lo que hay.
Cuando hay algo que te vincula a alguien que está lejos, todo cambia, todo adquiere otro sentido y otra lógica. O lo pierde, directamente.
Surge la necesidad (para no derrumbarte) de planificar tu pensamiento de alguna manera. Agarrarte a algo para no perder la cordura. Y es entonces cuando, un día tranquilamente, te das cuenta de que vives rescatando momentos del pasado común que has compartido, o bien proyectando un futuro hipotético en el que de nuevo compartes. Todo para obviar, rechazar, desviar tu atención de la desesperante realidad de la distancia que empaña el ahora.
Y te quedas sentada, guitarra en mano, mirando fijamente una mota de polvo en tu alfombra, abrumada por ese descubrimiento agrio. Y una especie de rabia incontenible comienza a trepar por tu estómago, por tu pecho, por tu garganta, clavando uñas y dientes, tiñendo tu cuerpo a su paso de ese sabor amargo y fuerte.
¿Qué vas a hacer?
¿Eh?
¿Acaso puedes remediarlo?
Nah, no puedes. Es ella, Vida, quien ha querido que sea así ¿Por qué? No puedes saberlo. Ni tampoco sirve de nada que lo intentes. Las cosas pasan porque tienen que pasar, cuando tienen que pasar... y evidentemente, donde tienen que pasar. Y si ese dónde implica una idea de separación, tienes que vivir con ello.
¿Se puede?
Por supuesto que sí.
Porque resulta, que no solo existe el plano de lo físico.
En un plano físico, los momentos de cercanía serán escasos. Pero no por ello ha de haber una separación total. Al contrario. Es esa necesidad de encontrarse, de no perder los vínculos, de unión; la que impulsará que ciertas cosas que en otras circunstancias no se desarrollen, lo hagan. Cosas que no podrían explicarse mediante unos caracteres formados por ceros y unos en una pantalla de ordenador.
En realidad, cosas que no podrían explicarse. Punto.
Es raro, distinto, es mágico.
Mágico.
Es disfrutar de otras cosas, en otros niveles, con otras intensidades. Es sentir desbocadamente, pero sobre un soporte emocional, mental, espiritual... no físico.
Es otra forma de experimentar que estamos vivos.
Y precisamente porque estamos vivos; tenemos que reír, hablar, amar, llorar, pensar, aprender, enseñar, soñar, enfadarse, planificar, rectificar, crecer, avanzar, excitarse, emocionarse, desear, recordar, imaginar.
Love,
REICHEL



Normalmente si leo las emociones de alguien siempre cada palabra que leo va a un departamento de consejería en la que se analizan y mientras se recogen nuevas se va pensando el consejo perfecto a dar, contigo no, no me preguntes por qué.
ResponderEliminarTampoco sabría qué aconsejar a alguien que no está en una escalera en la que no he estado.
No he tenido "uniones" con nadie, ni he sentido ese "amor" por nadie y menos por alguien lejano, ni he tenido ninguna clase de relación con nadie. Sólo tuve una "conexión" una vez y fue algo maravilloso pero agridulce y no sé si quiero volver a tener algo así... siempre fui un niño con una única moneda y que no sabía que chuchería quería...
Últimamente estoy encontrando dónde comprar esa chuche, pero esos sentimientos no tienen una palabra, tan sólo una burda definición de palabras y una definición perfecta que se da con la mirada.
Las experiencias vitales son las que nos construyen, las agrias y las dulces, de todas formas esto ya lo sabes y ¿quién quiere una trastienda hecha sólo de pasteles? Sería de necios. Hay veces que la libertad muestra su cara de tres parcas sujetando el hilo y conduciendo un destino ya hilado, nos preguntamos por qué, desesperamos por saber cómo controlar a las hilanderas, buscamos con frustración la manera de no agonizar. La vida es. Nosotros somos. Las cosas pasan. Nosotros pasamos. La vida pasa. Podemos luchar siempre, claro, podemos luchar por todo lo que amamos. ¿Amamos?
Me lo planteo a veces... cuando algo nos hace sufrir tanto o nos hace sentirnos tan mal... ¿por qué no sacrificamos todo lo que tenemos por hacer que todo vaya a mejor? ¿Tanto miedo tenemos? ¿O acaso lo agrio es agriducle en nuestra alma de románticos de libro?
La vida... la vida es una puta barata de motel de carretera de la que te enamorarás y te hará sentir la mejor noche de tu vida, saborearás su carne, olerás su sudor, te emocionará su mirada y te hará temblar su voz. Será lo mejor que hayas encontrado en tu viaje de carretera sin rumbo por desiertos extraños, pero eso no negará lo que de verdad es.
Y a veces, quizá sólo a veces, me encanta que sea lo que es.
No sé si te he dicho algo útil, si te ha "servido" esta lectura, si te ha gustado, si te ha deleitado o ha sido inútil o una inutilidad necesaria como el arte lo es, no sé si te he hecho perder el tiempo.
Pero avisé desde el principio, no te voy a aconsejar, tan sólo a acompañar :)
Alguien sin nombre
Desde mi caja de lápices de colores
Historias Irrelevantes
Achucha las nubes y abraza el polvo
Un beso donde quieras ;)
Vaya, un comentario casi más largo que la entrada y que además no tiene nada que ver con ella, de lo más curioso.
EliminarPor cierto no deberías tratar la ansiedad con dulces, es perjudicial y te guste o no esta vida, la verdad, es que es la única que tenemos. Si me permites un consejo, es mejor hacer algún deporte que requiera de un intenso esfuerzo físico, realmente puede llegar a tener consecuencias de lo más sorprendentes y satisfactorias.
No des por perdida una causa antes de probarla o tu vida siempre sabrá ... ¿agridulce?
Lo peor es que sí que tiene que ver con la entrada, son ventanas :)
EliminarMe estoy iniciando en esto de bloguear y me he topado con este blog. Me resulta curioso, leeré algo más.
ResponderEliminarRespondiendo a tu pregunta, (¿Sabes este tipo de cosas que rehuyes, que reniegas de aceptar, que expulsas de tus pensamientos cada vez que se asoman por tu cabeza?) te diré que si, que es parte de la aceptación de un cambio en tu vida aparentemente idílico, pero frustrante. Está claro que la distancia es un problema, aunque claramente deseas que no lo sea, quizás porque se trate de una distancia a veces salvable, espero que si.
Suerte con ello, pues, al final siempre depende de nosotros mismos hacer que las cosas funcionen, si somos capaces de echarle agallas y afrontar nuestras dudas y miedos estaremos un paso más de aquello que realmente deseamos.
Una persona en común me dijo que me pasara por aquí y le echara un ojo al blog.
ResponderEliminarMe ha gustado esta primera entrada (seguro que se a quien va dirigida ejem555kmejem). Si es que la distancia a veces puede resultar dura...
Leeré más cosillas, yo también escribo, (a destiempo y a veces con grandes parones) pero puede resultar muy terapéutico hacerlo. Es una forma sana de desahogarse.