Se nos ha enseñado a admirar lo grande, pero no a descubrir la belleza de lo pequeño o la sabiduría que se esconde en lo simple y ordinario.
(Claudio Naranjo.)
Estar tumbada en la cama, dejando que el sol acaricie tu cara.
Revolverte, perezosa y estirar los brazos, imaginándote que así tocas el cielo.
Que ese sol de las ocho de la tarde aún no haya perdido la fuerza del día.
Que, a pesar de que sabes que vives en el caos de lo aparente, hallas en lo sencillo una felicidad chisporroteante y loca, como una bengala en la oscuridad de la noche estival.
Reírte sola mientras andas por la calle porque te acabas de acordar de eso que te dijo esa persona especial.
Descubrir una foto de la que ya no te acordabas, y darte cuenta de lo que has cambiado (y no sólo físicamente).
Mirar al cielo y ver una nube en forma de caballo blanco en pleno galpe, con crines largas y un largo camino hacia el infinito por recorrer.
Llegar a casa y encontrarte en tu cuarto una nota de tu madre, padre, hermano... que firma "Te quiero"
Podría seguir, seguir y seguir.
Ir a la playa y hundir los pies en la arena, y sentir que a cada ola que viene, te hundes un poquito más.
Escuchar una canción que te encanta, y ponerte a bailar como una loca en tu cuarto.
Hacer el pino y reírte, porque la gente camina al revés.
Ver cómo un perro corre dando vueltas tratando de morderse el rabo.
Alzar la vista al cielo, y encontrarte una bandada de aves formando una V perfecta.
Sentirte de acuerdo con alguien con quien nunca lo estás.
Una caricia suya, y de nadie más. Y su mirada, y su risa, y sus tonterías...
Darte cuenta de que somos personas, más allá de etiquetas, ideologías, tipos de humor, belleza o fealdad.
Y darte cuenta de que lo que a tí te da una pequeña porción de eso tan difícil de encontrar que es la felicidad, se lo da también a otras muchas personas.
Y que, a fin de cuentas, como dijo Claudio Naranjo, es la sencillez y simplicidad de las cosas lo que nos hace realizarnos, lo que nos hace ser felices.
Hoy, me apetecía reivindicar lo enorme de la pequeñez. Porque, dime una cosa...¿A que estás sintiendo algo cálido por dentro?
Eso, esa calidez, tal vez esa sonrisa, es una porción pequeñita de felicidad.
Disfrútala, no volverás a vivir un momento como este.
Jamás será de nuevo día nueve de mayo del dos mil once, a las once menos venite de la noche.
Por eso,
¡Se feliz!
Love,
Reichel



