¿Alguien lo sabe? Ni siquiera lo sé yo.
Sé que lo que pretendo encontrar no está en el mundo terrenal. No quiero encontrar amigos, no quiero encontrar éxito, no quiero encontrar cosas materiales. Todo eso remite a otras búsquedas que no son las que me preocupan hoy.
No, no. Mi búsqueda mira hacia arriba. Mira en derredor. Y no encuentra.
Busco algo que sea digno de creerse. Busco respuestas que no estén basadas en la hipocresía, el agarrarse a unas cuantas leyes morales, el anclarse en un anacronismo desfasado e innecesario.
Busco frescura, busco sentile, sentirLO. ¿A quién?
No lo sé. A Dios. A Alá. A Gaia. Al Ashonutli de los indios, al espíritu que hay en todo.
Busco encontrar los ideales por los que un chaval de treinta años fue asesinado hace más de dos milenios. Y vivirlos, intensamente, fuera de las cuatro paredes de un templo, fuera de los preceptos de los hastiados clérigos.
Busco irme al retiro a ver caer las primeras flores de los almendros en flor a mi alrededor, en vez de encerrarme en los muros de la Iglesia (sí, con mayúscula, no me refiero sólo al edificio). Y allí, en ese espacio, encontrarme con Dios.
Soy una persona muy espiritual. Creo realmente en que hay algo, algo que me envuelve. Lo creo, porque lo siento, lo siento cada vez que subo a la montaña y miro desde arriba todo lo que se ve abajo, y me siento pequeña, diminuta. Lo siento cuando el sol de principio de primavera me acaricia la cara, porque es como una caricia que te da ese algo. Lo siento cuando de las nubes empiezan a caer gotas que empapan mi cara, mi ropa y mis preocupaciones.
Y en la gente...
En la mirada agradecida de esa chica a la que todos marginan, cuando por la mañana la saludas con un "Buenos días, ¿Qué tal estás?... En todos los que nadie quiere. Ni siquiera yo.
No, mis dudas no radican en la existencia de ese algo. (Y le llamo Dios como podía llamarle Abba, como hacía Jesús.)
Mis dudas, (Más que dudas, mis problemas) radican en la artificiosidad de la institución que se ha formado en torno a Él. En todos esos dogmas sin sentido, en el uso del condón visto como un pecado mortal, en las violaciones de críos, en las ancianas que basan todas sus preocupaciones en las almas del purgatorio (las pobres almas venga a rezar y nosotros venga a pecar). En el éxito político que tiene decir "Vamos a hacer una manifestación por la familia, y vamos a reunir a toda la caspa de nuestro país en ella" (¿Organizada por quién, querida Conferencia Episcopal?)
Bah,
que no, que no. Que me supera. Que necesito reitrarme del juego un tiempo. Andar caminos que nadie ha andado. No ser una más.
¡¡No tener una fe "estándar", joder!!
No me voy a quedar de brazos cruzados. Soy demasiado hiperactiva para eso.
Love,
Reichel

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