About me...

Mi foto
Cada día me parezco más a esa persona que en algún momento llegaré a ser. Mientras tanto, disfruto de mi tránsito indefinido.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Esto con el teletransporte no pasaría.

¿Sabes este tipo de cosas que rehuyes, que reniegas de aceptar, que expulsas de tus pensamientos cada vez que se asoman por tu cabeza? Sí, estas cosas que no molan, que te hacen sentirte rara y querer tener un botón de "mute" en tu monólogo interno.  

Pues hoy voy a hablar de una de esas cosas. 
Me ha costado.
Me está costando, de hecho. Es como si tuviera tantas ganas de hablar de ello y quitármelo de encima, como si quisiera con tanto ahínco compartir cómo me siento (que al fin y al cabo, es el objetivo primero de este blog), que me diera pánico. Allá va, de todas formas.

Distancia.
(*ZAS*)







.
.
.







Hay varios tipos de distancia. 
Unos más llevaderos que otros. Unos más graves que otros. Distintos.
Dos personas (hablaré de dos, porque los sentimientos colectivos son, en mi opinión mucho más difíciles de dibujar que algo que fluye en forma de retroalimentación entre dos seres humanos) pueden sentirse lejos estando a dos centímetros de distancia. 
Puede sentirlo una, puede sentirlo la otra o pueden sentirlo las dos. Cuando la energía que se genera entre dos almas, mentes y cuerpos no fluye como debería, el espacio físico y real, carece de importancia. Son dos seres humanos próximos en centímetros pero lejanos en emociones. Son dos máscaras de ojos vácuos (como, de hecho, lo son todas las máscaras).
En ese sentido, la cercanía física es mentira. Ilusoria. 
La distancia se ha coronado en esas situaciones como reina de corazones en una baraja trucada. Y no hay más remedio que detener la partida y cambiar de juego. 

Pero esta no es la distancia de la que me interesa hablar hoy. 

No, la distancia a la que me refiero tiene mucho más de distancia en su sentido estricto, es más palpable, es... bueno, es muy puta. 
Es esa distancia en la que lo que hay entre medias de dos personas no son vacíos emotivos, sino   
K I L Ó M E T R O S 

Carreteras, caminos, montañas, ciudades, pueblos, tal vez mares, tal vez océanos, tal vez continentes. Qué pequeño parece el ser humano, solo, en mitad de una cifra. 555. 2560. 45098. Los que sean. 



Es frustrante. Es desesperante. Pero es lo que hay. 
Cuando hay algo que te vincula a alguien que está lejos, todo cambia, todo adquiere otro sentido y otra lógica. O lo pierde, directamente.
Surge la necesidad (para no derrumbarte) de planificar tu pensamiento de alguna manera. Agarrarte a algo para no perder la cordura. Y es entonces cuando, un día tranquilamente, te das cuenta de que vives rescatando momentos del pasado común que has compartido, o bien proyectando un futuro hipotético en el que de nuevo compartes. Todo para obviar, rechazar, desviar tu atención de la desesperante realidad de la distancia que empaña el ahora. 
Y te quedas sentada, guitarra en mano, mirando fijamente una mota de polvo en tu alfombra, abrumada por ese descubrimiento agrio. Y una especie de rabia incontenible comienza a trepar por tu estómago, por tu pecho, por tu garganta, clavando uñas y dientes, tiñendo tu cuerpo a su paso de ese sabor amargo y fuerte. 

¿Qué vas a hacer?


¿Eh?


¿Acaso puedes remediarlo?


Nah, no puedes. Es ella, Vida, quien ha querido que sea así ¿Por qué? No puedes saberlo. Ni tampoco sirve de nada que lo intentes. Las cosas pasan porque tienen que pasar, cuando tienen que pasar... y evidentemente, donde tienen que pasar. Y si ese dónde implica una idea de separación, tienes que vivir con ello. 

¿Se puede?
Por supuesto que sí.
Porque resulta, que no solo existe el plano de lo físico.

En un plano físico, los momentos de cercanía serán escasos. Pero no por ello ha de haber una separación total. Al contrario. Es esa necesidad de encontrarse, de no perder los vínculos, de unión; la que impulsará que ciertas cosas que en otras circunstancias no se desarrollen, lo hagan. Cosas que no podrían explicarse mediante unos caracteres formados por ceros y unos en una pantalla de ordenador.
En realidad, cosas que no podrían explicarse. Punto. 



Es raro, distinto, es mágico.
Mágico.
Es disfrutar de otras cosas, en otros niveles, con otras intensidades. Es sentir desbocadamente, pero sobre un soporte emocional, mental, espiritual... no físico.

Es otra forma de experimentar que estamos vivos.






Y precisamente porque estamos vivos; tenemos que reír, hablar, amar, llorar, pensar, aprender, enseñar, soñar, enfadarse, planificar, rectificar, crecer, avanzar, excitarse, emocionarse, desear, recordar, imaginar.  



Love,
REICHEL