LEYES HINDÚES DE LA FELICIDAD.
1ª: "La persona que llega es la persona correcta".
2ª "Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido"
3ª "En cualquier momento que comience, es el momento correcto."
4ª"Cuando algo termina, ha terminado."
Explotar, con todo lo que conlleva -el ruido de la explosión, el olor de la pólvora, la fulminante luz súbita y cegadora...- es un acto de insurrección, de expresión abismal, es gritar por una ventana o sacudirse de placer.
Exploltar puede significar encontrarte pletórico de las más bellas emociones... o de un infierno agobiante y pesado, que se acurruca en las entrañas y sale, como el vaho en las mañanas de invierno, de forma lenta y pausada, hasta el momento de la combustión final que precede a la explosión.
Explotar nos puede hacer desaparecer... o, como el ave fénix, resurgir de nuestras cenizas...
Nada de lo que hacemos esta mal. He rescatado esas antiquísimas leyes hindúes porque en ellas baso gran parte de mi filosofía. Sartre diría que son insoportablemente deterministas. Yo creo que son asombrosamente ciertas.
Jamás podremos determinar si esa persona que en ese momento llegó nos hizo bien o mal en el mismo instante. El tiempo, gran aliado siempre de la serenidad, es la única manera de darse cuenta de que, aunque no lo creamos, no lo veamos, o no podamos pensar de forma positiva; todas y cada una de las personas que nos rodean han influido de alguna manera positiva en nuestras vidas. Esa persona que llegó, aunque nos hiciera daño, tuvo que llegar en ese momento para que, en algún momento más adelante, pudiéramos contemplar aquello que nos aportó. Gracias a esa persona, pudiste conocer a esa otra. O gracias a esa otra persona, descubriste que eras capaz de cosas que antes ignorabas.
De la misma manera,
Así como esquivamos afrontar la realidad escondiéndonos detrás de las personas que aparecen o desaparecen de nuestra vida, hacemos lo mismo con los hechos que suceden. "Todo lo que hice estaba mal" INCORRECTO.
Todo lo que hiciste, dijiste, pensaste o actuaste, fue así porque así tuvo que ser en ese momento y circustancia. Parapetándonos tras el "¿Y si hubiera hecho...?" "Debí haber pensado..." "Tenía que haber dicho..." sólo conseguimos una falsa ilusión de una realidad inexistente. Las cosas pasan porque han de pasar. ¿Para qué? Para que podamos aprender de ellas, conocer nuestros límites, rectificar nuestros errores en situaciones venideras. NADA de lo que hacemos está mal o bien. En cualquier caso, lo que hacemos nos ayuda o no de forma inmediata. Pero a largo plazo, todo nos sirve para CRECER, ya sea por un camino o por otro.
Así mismo,
tanto la tercera como la cuarta ley hindú es resumible en una sola: "Las cosas suceden y duran el tiempo justo y en el momento adecuado"
Quedarse anclado en un momento o situación de nuestra vida es un error. Como dice el Eclesiastés en la Biblia:
Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa
bajo el sol:
un tiempo para nacer y un tiempo para morir,
un tiempo para plantar y un tiempo para arrancarlo plantado;
un tiempo para matar y un tiempo para curar,
un tiempo para demoler y un tiempo para edificar;
un tiempo para llorar y un tiempo para reír,
un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar;
un tiempo para arrojar piedras
y un tiempo para recogerlas,
un tiempo para abrazarse
y un tiempo para separarse;
un tiempo para buscar
y un tiempo para perder,
un tiempo para guardar y un tiempo para tirar;
un tiempo para rasgar y un tiempo para coser,
un tiempo para callar y un tiempo para hablar;
un tiempo para amar y un tiempo para odiar,
un tiempo de guerra
y un tiempo de paz.
bajo el sol:
un tiempo para nacer y un tiempo para morir,
un tiempo para plantar y un tiempo para arrancarlo plantado;
un tiempo para matar y un tiempo para curar,
un tiempo para demoler y un tiempo para edificar;
un tiempo para llorar y un tiempo para reír,
un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar;
un tiempo para arrojar piedras
y un tiempo para recogerlas,
un tiempo para abrazarse
y un tiempo para separarse;
un tiempo para buscar
y un tiempo para perder,
un tiempo para guardar y un tiempo para tirar;
un tiempo para rasgar y un tiempo para coser,
un tiempo para callar y un tiempo para hablar;
un tiempo para amar y un tiempo para odiar,
un tiempo de guerra
y un tiempo de paz.
Me encanta este fragmento, porque en él se condensa, hermoso como un poema, la clave para saber seguir siempre hacia delante. De manera estoica, conociendo que todo tiene un comienzo y un fin, y siendo conscientes de ello, aceptar la vida y sus vaivenes, y sacar siempre de ello aquello que nos pueda ayudar.
Aceptar la vida NO quiere decir SOMETERSE a la vida.
Hay que conocer nuestra gran capacidad para cambiar las cosas, respondiendo a esa frase de Winston Churchill que tanto me gusta,
"You create your own universe"
Hay que saber que no debemos dejarnos pisar, ni claudicar a causas en las que creemos. Pero cuando hay que pasar página, hacerlo.
Cuando hay que olvidar, olvidar
Cuando hay que recordar, recordar
Cuando hay que conocer, conocer.
Guardo con especial cariño estos cuatro preceptos hindúes. Porque son abiertos a la reflexión, son ajustables a todas nuestras circustancias, son calmantes, como un baño de lavanda o unos vapores de eucalipto.
Las máscaras no existen, buscador.
En ese momento fuiste quien necesitaste ser.
No hemos de cerrarnos a unos preceptos o imágenes de nosotros mismos, si no queremos que éstos se conviertan en nuestros fantasmas y nos persigan día y noche reclamando nuestra atención.
Cambiantes, como el agua del río, algo traicioneros en las apareincias, si quieres. Parcos, mansos en su desembocadura,no han de olvidar que nacieron de las alocadas y salvajes fuentes montañosas. Y al morir en el mar, no interpretardo sino como una nueva forma de ser agua viva, mantener en su espíritu el vivo albedrío que llevaban en su nacimiento.
Versatilidad. Aceptación.
Y todo lo demás consiste en echarse unas risas y sonreír al mundo. :)
Love,
Reichel.

