"Porque aprendí que la vida, por todo lo malo algo bueno te da"
(Diego Torres, Sueños)
Se había acostumbrado a pasar los días bajo la infernal mordedura del enorme sol, y las noches en la gélida oscuridad que tan solo otorga la soledad. Ya casi formaba parte del desierto. Pero ella estaba tranquila.
Tranquila en su espera, inmutable, muda.
Hasta que las cosas empezaron a cambiar.
Sería absurdo relatar todos los cambios que tuvieron lugar, ya que difícilmente podría transformar un concierto, una mirada, una conversación, un brillo de ojos ilusionados... en definitiva, un momento acontecido en la realidad en algo tan etéreo como una alegoría.
Por eso, tan solo diré que un día el oasis regresó.
Sin agobios, sin promesas inalcanzables. Sólo ellos. La sombra de las altas palmeras impedía ahora que el sol quemara la piel de ella. Y la sed se convirtió en el recuerdo. Y la soledad, y el dolor. Ahora nada de eso perturbaba el sereno descanso de ambos. La alegría de saberse de nuevo complementados.
Sé, de todas formas, que este no es el final de esta historia. Estas historias nunca tienen un final marcado. Esto es, simplemente una nueva etapa en la que la mujer será feliz...
Un etapa de luz, verde esperanza, sutil, agradable. Una etapa de viento suave en el rostro. De no cargar sola con más losas pesadas.
Es una etapa en la que de nuevo, la mujer podrá encontrarse a sí misma en su más puro estado.
Abrir los brazos, extenderlos hasta que casi le duelan, tomar aire y gritar, gritar de alegría...
2011 me trae buenas vibraciones. Lo que bien empieza, bien acaba. :)
Love,
Reichel


